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miércoles, 19 de noviembre de 2008

Cuando las semanas eran de 10 días y los días de sólo 10 horas

A finales del siglo XVIII los revolucionarios franceses se propusieron adaptar el calendario al sistema decimal a la vez que eliminar de él todas las referencias religiosas, así como otras rarezas fruto de la tradición y la historia. El resultado convertiría las semanas en décadas de 10 días, los días pasarían a ser divididos en 10 horas, las horas en 100 minutos y los minutos en 100 segundos. Una de las medidas que menos entusiasmo despertó sería que las décadas sólo tendrían un día de fiesta, es decir un domingo.


Reloj de 10 horas con equivalencia al de 24.


A menudo se considera que la Revolución Francesa comenzó del 14 de Julio de 1789 con la toma de la Bastilla. Sin embargo, el período de cambios radicales asociado con el Reino del Terror de Robespierre y la guillotina no empezó hasta el tumultuoso verano de 1792, cuando la nueva asamblea legislativa, en su mayor parte jacobina llamó a la primera Convención Nacional e inmediatamente proclamó a Francia como república.

Un año después de esa proclamación, el 20 de Septiembre de 1793, un matemático llamado Gilbert Romme presentó su propuesta para un calendario totalmente nuevo. Era un período marcado por el sentimiento de comienzo de una nueva era y de reformas radicales en muchas áreas de la vida pública y privada de Francia. La iglesia Católica que había tenido una posición tan dominante en la Francia pre-revolucionaria era considerada ahora anti-revolucionaria, y el calendario gregoriano, con sus santos del día y fiestas religiosas, era un poderoso símbolo de la influencia subyacente de la iglesia.

Romme había recibido la misión de crear una “división más científica del año, con más conexión con el movimiento de los astros, las estaciones y la tradición”. El resultado fue puesto en práctica durante 13 años entre 1792 y 1805 y es conocido como el “Calendario Revolucionario Francés”.

El año en este calendario “racional” ya no comenzaría el 1 de Enero, sino en el equinoccio de otoño y el aniversario de la proclamación de la república: 21 de Setiembre. Cada mes tenía 30 días, divididos en 3 décadas de 10 días cada una. Cada día “métrico” estaba dividido en 10 horas, cada una de las cuales de 100 minutos de 100 segundos cada uno. De esta manera, cada hora era más larga que una hora convencional, el minuto un poco más, y el segundo ligeramente más corto.

Gracias a la “racionalidad” del nuevo calendario, ahora las décadas encajaban perfectamente en los meses y al ser todos los años iguales, a excepción de los bisiestos, no hacía falta comprar un calendario nuevo cada año.


Calendario Republicano de 1794 dibujado por Debucourt



Los 10 días de la década se llamaban: primidi, duodi, tridi, quartidi, quintidi, sextidi, septidi, octidi, nonidi y décadi. Cada décadi era el día de descanso de los trabajadores. Cada fecha individual recibía un nombre, que reemplazaba los santos del día católicos, los quintidi y los décadi recibían el nombre de un animal y de una herramienta del campo respectivamente, y el resto de los días nombres de árboles, arbustos y plantas. Así había días de la zanahoria, pera, miel, burro, arado o pico.

Como todos los meses tenían 30 días, en total sumaban 360, por lo que sobraban, o faltaban, 5 días en un año no bisiesto. Estos días, llamados complementarios, eran colocados al final del año (16-22 de Septiembre) y eran días de fiesta: les Fete de la Vertu(virtud), de la Génie (talento), du Travail (trabajo), de l’Opiniony des Récompenses. Los años bisiestos contaba con una fiesta más: Fete de la Révolution.

El poeta Fabre d’Églantine fue el encargado de encontrar un nombre para los meses de Romme, escogiendo apelaciones evocativa de los cambios de las estaciones y la belleza de la naturaleza. Empezando por el mes que substituiría Septiembre/Octubre serían: vendimiario (de vendimia), brumario (de niebla), frimario (de escarcha), nivoso (de nieve), pluvioso, ventoso, germinal, floreal, pradeal (de pradera), mesidor (de cosecha), termidor (de calor), fructidor (de fruta). La mayoría de estos nombres eran neologismos derivados de palabras similares en francés, latín o griego. Como una prueba más de racionalidad, el nombre de todos los meses de la misma estación tiene la misma terminación.


Alegoría de Mesidor, el mes de la cosecha


El nuevo calendario fue adoptado por la Convención Nacional el 5 de Octubre de 1793, y todos los documentos fueron datados con referencia a la proclamación de la república, el 21 de Septiembre de 1792 como primer día del año I. De Septiembre de 1792 a Septiembre de 1793 era el año I, 1793/4 era el año II y así sucesivamente. De esta manera el calendario comenzaba un año antes de su adopción. Su aplicación se extendería a territorios ocupados militarmente, como España, y a las colonias francesas en América y África.

La gente normal tuvo dificultades para adaptarse al nuevo calendario, especialmente a la semana de 10 días, lo que además implicaba 3 días más de trabajo sin descanso, y rompía las convenciones establecidas en el mundo del comercio, tales como días de mercado y ferias. Por esto se considera que la semana, tal vez la agrupación de días más persistente de todos los calendarios de la historia, fue la causante de la poca popularidad del calendario revolucionario. La gente tampoco recibió con agrado la substitución de las festividades tradicionales por las nuevas.

Otra de las dificultades era la carencia de una patrón regular para los años bisiestos, lo cual dificultaba datar eventos futuros debido a la imprecisión de los conocimientos astronómicos de la época. El decreto que estableció el nuevo calendario por una lado decía: “cada año empieza a la medianoche, con el día que el equinoccio de otoño cae sobre el observatorio de Paris”, pero también: “el período de 4 años, al final del cual esta adición de un día es habitualmente necesaria, es llamada Francíada, el cuarto año de la Francíada es llamado Sextil”. Ambas normas eran incompatibles, ya que los años bisiestos definidos en base al equinoccio no ocurren de manera regular cada 4 años.

El ocaso del nuevo calendario comenzaría en 1801, pero no por sus dificultades sino por motivaciones políticas. Napoleón, que en aquel entonces era Primer Cónsul, estaba convencido que un acuerdo con la Iglesia Católica sería crucial para sus intereses. Por lo que decidió mejorar sus relaciones con ella mediante la negociación de un Concordato con el Papa Pio VII que entre otras cuestiones restablecía el nombre de los días de la semana y el domingo como día de fiesta a partir del 18 de Abril del 1802.


Otro reloj, foto original en
Antique-Horology.org

El resto del calendario continuaría en vigor unos años más, pero su abolición total llegaría la medianoche del 31 de Diciembre de 1805 (10 de nivoso del año XIV), en aquel momento Napoleón ya se había anexionado los Estados Pontificios y había sido excomulgado por Pío VII, que sería posteriormente encarcelado por Napoleón. Puesto que Napoleón ya no veía al Papa como un posible aliado, el anterior Concordato parece ser que pesó poco en la toma de la decisión y si lo hicieron más la amplia impopularidad del calendario o la confusión que existía entre el comienzo del año, los bisiestos y el equinoccio. En cualquier caso a Napoleón le convenía eliminar este vestigio de la democracia republicana.

La obligatoriedad y uso del tiempo decimal aún había sido más corta, aunque se llegaron a fabricar relojes adaptados a los días de 10 horas, la idea no llegó a cuajar entre la gente, y el uso obligatorio había sido suspendido el 7 de Abril de 1795.

Tras el derrocamiento de Napoleón el calendario revolucionario se volvería a implantar brevemente. Y sería vuelto a usar por la efímera Comuna de París entre el 6 y el 23 de Mayo de 1871 (16 del Floreal y 3 del Praderal del año LXXIX). Hoy en día su uso oficial queda reducido a los textos legales que fueron adoptados mientras el calendario republicano era oficial y siguen en vigor en Francia que han mantenido sus fechas originales. Sólo algunos entusiastas en Francia siguen empleándolo, más por nostalgia histórica que funcionalidad.

Una de las paradojas de este calendario es que su intento de eliminar las referencias religiosas del calendario para hacerlo más universal, acabó dando como resultado un calendario aún más local, en este caso centrado en Francia, dado que los nombres descriptivos de los meses podían ser confusos e imprecisos en otras latitudes, por ejemplo un Termidor (mes de el calor) helado en el hemisferio sur.

jueves, 28 de agosto de 2008

Poon Lim o la soledad del náufrago que sobrevivió 133 días a la deriva en una balsa

El gigante Asiático devorado por la magnitud en todas sus estadísticas, no adolece de récords mundiales insólitos. Uno con pocas posibilidades de ser batido pertenece con la justicia que dan las desventuras al joven marinero Poon Lim; que en noviembre de 1942 pasó en solitario, tras un naufragio, más de cuatro meses a merced del mar y del destino en una balsa improvisada y tan llena de carencias como vacía de víveres. Una increíble historia de supervivencia que ha inspirado cientos de manuales de resistencia del ejército norteamericano y británico.




Recreación de la histórica balsa de Poon Lim


Día 0. El hundimiento.
Poon Lim nació en 1917 en la isla de Hainan, al sur de China. Con 25 años y en plena Segunda Guerra Mundial decide trabajar como marinero a destajo en los fastuosos buques mercantes británicos. En noviembre de 1942 se enrola en la tripulación del SS Ben Lomond, un vapor de 6.600 toneladas,como segundo mayordomo en ruta desde Ciudad del Cabo a la Guayana Holandesa. Debido a las condiciones meteorológicas el barco se desvió de su itinerario llamando la atención del comandante alemán Carl Emmermann, oficial en jefe del Submarino alemán U(boot)-172.
A las 14,10 horas del 23 de Noviembre de 1942, y como ‘acción preventiva’, el mercante Benl omond capitaneado por John Maul fue torpedeado y hundido por el U-172 a unas 750 millas al este del río Amazonas, en Brasil. El poder destructor del batiscafo alemán fue tal, que 44 marineros, 8 tripulantes y el mismísimo capitán perecieron pasto del infierno provocado por la calculada injerencia bélica.
Poom Lim se encontraba descansando en uno de los camarotes de servicio en la cubierta superior, justo al lado opuesto al masivo boquete producido por el torpedo. La caprichosa gravedad y el destino que le hizo protagonista de esta historia fueron los culpables de someter al marinero a las crueles leyes de la casualidad; el tiempo justo de agarrar un salvavidas y lanzarse al mar por el último reducto del barco por encima de la linea de flotación. La banda sonora de la huida alternaba los chillidos y chirridos de la estructura metálica y de sus compañeros.
Cuando las frías aguas alcanzaron las hirvientes calderas del mercante el colapso térmico provocó una gran explosión que terminó por hundir el buque. La única obsesión de Poon era nadar centrífugamente para evitar la succión del barco en su deceso. En su huida Poon vio por última vez a los únicos 5 compañeros que lograron abordar uno de los botes salvavidas al otro lado del navío.
Los 5 marineros fueron interceptados por el submarino y hechos prisioneros a la espera de su rescate por otro navío de apoyo. Mientras Poon, exhausto y alejado de las turbulencias y posibilidades de rescate permanecía aferrado a un salvavidas semiinconsciente por el esfuerzo… al cabo de unas horas, y con la calma y el contraluz crepuscular, Poon divisó a unos cientos de metros una de las cochambrosas balsas de apoyo del Ben Lomond. Un último esfuerzo que le salvó la vida y le quitó la consciencia le llevó hasta la superficie de la que sería su casa en los próximos 132 días.



Día 1. La Intendencia.
Con las primeras luces y calores del alba Poon recuperó la consciencia y despertó a la pesadilla de la realidad. Su balsa, una destartalada embarcación de 3×3 metros a base de listones de madera sobre bidones, contenía un pequeño kit diseñado para la supervivencia de cuatro personas durante un par de jornadas. Bajo una trampilla de la balsa encontró:
-Ocho latas de pequeñas galletas británicas

-Un barril de agua de 30 litros

-Dos tabletas de chocolate
-Algunos terrones de azúcar
-Unas pocas bengalas, dos cuencos de aluminio y una linterna.
No había señales de velas ni remos, lo que provocó la constante deriva de la nave. Poon calculó que las provisiones eran suficientes para unos 20 días, con lo que su ánimo y esperanza de rescate eran bastante optimistas.



Semana 2. La soledad y el avión
Poon Lim pasaba días y noches tratando de encontrar cualquier signo de vida. Un buque o una aeronave que le rescatase, pero sus esfuerzos resultaron vanos e inútiles. Una noche, un avión surcó el cielo destacándose en el firmamento estrellado.
Poon Lim disparó una de las bengalas
y un punto luminoso quebró la oscuridad del mar, pero luego cayó y se desvaneció
.
Ningún cambio de trayectoria en el avión. Una vez más, solo en la oscuridad de la noche, Poon apoyó su cara en el tablero de madera y se durmió.


Semana 4. Un regalo del viento
Un atardecer, después de sus rutinarios ejercicios nadando entre tiburones alrededor de la balsa para no perder la forma, Poon Lim se sentó a meditar en la barca buscando un recuerdo salvador en el horizonte
.
Su mirada, perdida, regresó a su pasado, su infancia, su familia, sus cuadros, sus lienzos…
…su pensamiento se confundió con la realidad al divisar un lienzo volar a unos veinte escasos metros del barco
.
Se trataba de una tela de construcción naval. Probablemente, debería ser del buque que se hundió. Sin parpadear, Lim se lanzó al agua y nadó lo más rápido posible para ‘cazar’ la arpillera.
Poon Lim utilizó la tela para improvisar una pequeña tienda de campaña en la balsa y así protegerse del sol que le estaba desgarrando la piel. Pero la suerte fue aún mayor al descubrir atada en uno de los extremos del lienzo, una larga cuerda de cáñamo que utilizó para encadenarse a la balsa los días de tormenta y evitar su pérdida en las innumerables caídas.


Semana 6. El ingenio del hambre
Con el fin de las provisiones se acentuó la perspicacia. A partir de la séptima semana Poon comenzó a desarrollar el instinto más arcaico del hombre; aquél que le lleva a perpetuarse por encima de cualquier costumbrismo y doctrina.
Desmontó la linterna, inservible y ya gastada, para forjar un anzuelo con una de sus piezas metálicas. Durante dos días estuvo conformándolo con los dientes y su zapato-martillo hasta dar con la forma adecuada. La cuerda de cáñamo hizo de sedal y la última galleta la reservó como cebo para la primera captura: Una pequeña sardina que sirvió de cebo, a su vez, a mayores capturas. Con las tapas de los botes de galletas improvisó afilados cuchillos con los que destripar el pescado y despegar algunos de los pequeños moluscos y lapas que se adherían a la balsa y funcionaban mejor como cebo.
Las capturas no eran constantes y dependían de las corrientes y los bancos de peces. Una tarde la balsa se adentró en un inmenso banco de pescado que provocó que Poon llenase literalmente la barca de capturas que sirvieron para los días de más carencias.
Puso a secar el pescado una vez limpio, separando tripas, vísceras y sangre que almacenaba en las esquinas de la balsa. Tal fue el cúmulo de capturas y vísceras que empezó a tener un problema de olor y putrefacción impidiendo, incluso, su correcta oxigenación. Cometió entonces uno de los pocos errores de su travesía cuando, al deshacerse de las vísceras y sangre, provocó la llegada de una legión de tiburones que estuvieron rondando durante varios días, espantando cualquier atisbo de pesca y provocando la mayor crisis de hambruna de la peripecia.


Semana 8. David vs Goliat
Los tiburones no se marchaban y Poon no tenia modo alguno de seguir pescando. El hambre le condujo a la única opción que le restaba: tenía que cazar un tiburón.
Para ello volvió a fabricar un nuevo anzuelo, más grande y resistente, con uno de los clavos que unían los listones de madera a su estructura. Con su zapato-martillo y la garrafa moldeó la vasta aguja que anudó, de nuevo, a su cáñamo ( el cual trenzó para aumentar su grosor y resistencia ). La última cabeza de pescado le sirvió como cebo muerto para engañar a su ‘Goliat’.




Tiburón Blanco. Foto national geographic


Nada más depositar el cebo, el tiburón elegido (de más de un metro) mordió y agitó la carnada, Poon sabía que su única opción era subir de un tirón seco al escualo para rematarlo a puñetazos en su ‘medio’. A los 10 minutos tenia las tripas del tiburón enlatadas, las aletas a secar y como refresco había preparado la sangre del hígado.


Semana 12. La locura de la sed
Tras el consumo de la garrafa inicial del agua. Poon automatizó la colecta del agua procedente de las lluvias y tormentas utilizando el doble forro de su chaqueta con un peso y practicando un agujero para reconducir al interior de la garrafa. Hasta la 10 semana el ritmo de lluvias debido a la estación había sido suficiente pero después de una gran tormenta que acabó con todas las provisiones sólidas y líquidas y con media balsa se inició una sequía que desencadenó la deshidratación de Poon.
Derrotado por la tormenta, observó como los albatros y gaviotas merodeaban la zona alertados por la podredumbre en cubierta. Poon recopiló todo tipo de algas y plantas marinas del fondo de la balsa y las amontonó a modo de nido de pájaro para atraer a las gaviotas mientras esperaba agazapado y tapado con los restos del lienzo.
Cuando un albatros realizó su picada al nido con restos de pescado, Poon se abalanzó sobre el animal y a dentellazos le sesgó cuello y vida para chupar su sangre y zampar sus carnes. Unos días más tarde la lluvia regresó y Poon recuperó su cuota de agua dulce.


Semana 14. Un Barco a 50 metros
Durante una mañana de su 15ª semana en el Atlántico, Poon fue despertado por un fuerte silbato marino. Creyó haber concluido su pesadilla tras divisar un inmenso carguero americano aproximarse hasta apenas 50 metros de su balsa. Según comentó posteriormente Poon, alguien se percató de su condición de chino justo antes de maniobrar y perderse de nuevo en el horizonte.
Unos días antes Poon habia sufrido la visita de un escuadrón aéreo norteamericano, que le divisó e incluso lanzó una boya-marcador desde el aire. Una tormenta paralizó el posible rescaté y dispersó la patrulla aérea.


Día 130. El principio del fin
Poon Lim contaba los días con muescas en uno de los lados de la balsa, y las noches con cruces
. Posteriormente utilizó pequeños trozos de cuerda para computar el calendario lunar.
Sobre el día 130, notó que el agua era de color más verde pálido que de costumbre
.
Multitud de pájaros volaban entorno a su embarcación y gran cantidad de algas flotaban en superficie. Todos estos son signos alentaron su esperanza de una costa cercana.




Poon Lim a la llegada a Belém tres días después de abandonar la balsa


Día 133. El rescate
En la mañana del día 133, el 5 de Abril de 1943, vio una pequeña vela en el horizonte. No tenía bengalas, por lo que saludó agitando su camiseta en un esfuerzo por atraer la atención de la tripulación
.
La embarcación cambió de dirección y se dirigió a él.
Los tres hombres del pequeño barco pesquero, que hablaban portugués, lo llevaron a bordo
.
Le dieron el agua y un gran plato de fríjoles secos y continuaron sus labores de pesca, pues no podían regresar a tierra sin captura. Tres jornadas más tarde pusieron rumbo al oeste de Belem, en la desembocadura del río Amazonas de Brasil
.
Poon había recorrido 1200 kilómetros.


Los Honores
Poon Lim fue capaz de caminar sin problema recién rescatado
.
Su pérdida de peso durante la deriva fue de 10 kilogramos y pasó varias semanas recuperándose en un hospital de Brasil antes de viajar a Nueva York.
Recibió numerosos honores.
El rey Jorge VI
le otorgó personalmente la Medalla del Imperio Británico, el premio civil más alto
.
La Marina Británica editó folletos impresos y los colocó en todas las balsas salvavidas de sus naves describiendo las técnicas de supervivencia experimentadas por Poon Lim
. Mientras, la
“Ben Line Shipping Company”, compañía armadora del barco hundido, le obsequió con un reloj de oro.




Poon Lim el día de su Condecoración


Después de la guerra decidió emigrar a Los EE.UU pero la cuota de ciudadanos chinos estaba completa. Sólo la mediación del senador Warren Magnuson mediante un proyecto de ley, que fue aprobado por el Senado de los EE.UU. y la Cámara de Representantes, sirvió para emitir un visado de inmigración a Poon Lim y permitirle su residencia permanente en los EE.UU. Se Instaló en Nueva York con hijos y nietos y murió, septuagenario, en Brooklyn el 4 de Enero de 1991. Lim entró en el Libro Guinness de los Récords como el hombre que más tiempo ha pasado flotando en alta mar.
En los 80 la escritora Ruthanne Lum McCunn noveló al pie de la letra las aventuras de Poon Lim en el exitoso libro “Sole Survivor”

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